POR: NY TIMES

El mensaje llegó desde las más altas esferas del Estado catarí: las carpas de cerveza deben ser trasladadas, y no habrá discusión al respecto.

A pocos días del partido inaugural de la Copa del Mundo, los organizadores cataríes se han apresurado en los últimos días a reubicar los puestos de cerveza de la marca Budweiser en ocho estadios, tras una repentina demanda que, según tres personas con conocimiento del cambio, procedía de la familia real del país.

Las personas hablaron con la condición de mantener su anonimato porque no estaban autorizadas a discutir detalles sensibles de la planificación del torneo. Sin embargo, los responsables de la Copa del Mundo parecieron confirmar los cambios en un comunicado. Budweiser dijo que no se enteró del nuevo plan hasta el sábado, ocho días antes del primer partido del torneo.

La decisión de trasladar los puestos de venta de cerveza parece haberse originado por la preocupación de que la presencia destacada del alcohol en los estadios, durante el mes de la Copa del Mundo, pueda desestabilizar a la población local y representar un posible problema de seguridad. Pero también evidencia una cuestión que ha acechado la preparación de la primera Copa del Mundo en el mundo árabe, y que se espera que sea conflictiva durante todo el torneo en Catar, un país musulmán conservador donde el acceso al alcohol está muy controlado.

Desde que la FIFA, el organismo rector del fútbol mundial, concedió los derechos de organización a Catar en diciembre de 2010, los organizadores del torneo se han esforzado por equilibrar las obligaciones que firmaron para cumplir —que incluyen la venta de alcohol y la provisión de espacio promocional para Budweiser, uno de los principales patrocinadores de la FIFA— con la preocupación por disgustar, o alienar, a un grupo nacional que se ha irritado por algunos de los choques culturales inherentes a la organización de un evento tradicionalmente empapado de cerveza en una nación musulmana.

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